Nuestra voluntaria Natalia, nos cuenta su experiencia en su visita a la Base Aérea de Torrejón de Ardoz acompañando a nueve pequeños de la asociación El despertar, antes de que el mundo parase: 

Ocurrió un martes del mes de febrero por la mañana. El autobús en el que viajan Clara, Victor, Nico, Vega, Miguel, Pablo, Carmenchu, Alilu e Isabella junto con 3 de sus acompañantes, Montse, Teresa y Sole, llega cinco minutos antes de lo esperado. La consigna es clara: 1 chico,1 voluntario. 

Los 9 voluntarios de ASF nos apiñamos alrededor del vehículo y devolvemos el saludo entusiasmado de algunos de los 9 chicos de la asociación El Despertar que han podido venir hoy a la Base Aérea de Torrejón de Ardóz, a visitar el museo y uno de los hangares del ALA 12.

Nuestros anfitriones son 2 militares que nos dan todo tipo de explicaciones sobre las fotografías, maquetas, misiles y demás equipo aeronáutico y armamentístico  del museo, invitando a todo el que quiera a subir a la cabina restaurada de un caza, ponerse el casco que llevan los pilotos en sus misiones, descubrir la palanca que ayuda a la frenada de un F-18 al aterrizar o subir las escalerillas dispuestas junto al caza para descubrir todos los mandos del interior del cockpit de ese bicho que ahora se encuentra en hangares.

En un periodo en el que la palabra confinamiento está —desgraciadamente— en boca de todos, vuelvo a pensar en mis 9 confinados particulares. Esos que hace unas semanas me regalaron una mañana extraordinaria.

A Clara y a sus compañeros de visita, el confinamiento no los pilla por sorpresa. Ni a ellos ni a los otros 50 jóvenes —y no tan jóvenes— que conforman el particular colectivo de El Despertar. Para estos chicos, no salir de su residencia, su centro de día o su colegio, casi es lo habitual. Hacer cosas tan sencillas como comprar el pan o irse de excursión un día cualquiera es un lujo del que solo pueden disfrutar un@s poc@s y en muy contadas ocasiones. Y es que, la parálisis cerebral es lo que tiene, que necesitas ayuda diaria y constante, ya que que en la mayoría de los casos, las personas que la sufren tienen un estado de salud gravemente afectado.

Lo que para millones de personas es hoy una obligación temporal, quedarse en casa, para otros es sencillamente su día a día. Sin que vaya a cambiar nada en un horizonte cercano. Y sin que eso les importe, porque ellos viven el momento y disfrutan de lo que tienen. Si ese martes del mes de febrero en el que aún podíamos circular libremente, Clara, Víctor o Isabella, no hubiesen podido ir a la Base de Torrejón, se hubieran perdido una experiencia única, que nunca antes habían tenido. Y nosotros también.

Para algunas personas la vida no es fácil, pero puede ser bonita. Gracias a todos por hacer posible un día memorable”

Con cariño, Natalia.

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